22 sept. 2013

"Trance", Danny Boyle, 2013.

Desde su primer largo "Tumba abierta" (1995) Danny ha tenido siempre un cierto gusto por el thriller o suspense. "Tumba abierta" a igual que "Trance" (2013) se basa en la psicología de los personajes y sus obsesiones.
Casi siempre todos los protagonistas de sus historias son personajes que persiguen o son perseguidos por una obsesión. A Danny Boyle no le gusta moverse siempre por territorios conocidos, siempre elije un tema o género diferente. Solamente hay que recordar su anterior película "127 horas" (2010), donde la psicología también juega un papel importante.
"Trance" es un thriller puro y duro, donde nada es lo que parece. Casi siempre nos engañará y nos introducirá en su tela de araña algunas veces díficil de seguir, con historias inventadas (o no) por el trance de su principal protagonista Simon (James McAvoy).
Pertenece al género de robos imposibles, ese género que necesita un excelente guión para que funcione perfectamente. Pero en este caso Danny Boyle usa la edición como su principal arma, una edición extraña y virguera pero que mezcla las diferentes historias de una manera sutil.
El resumen de la película sería fácil y sería el de Simon dice. Simon siempre se encontrará ente la espada y la pared. O entre la guapa y sugerente Elizabeth (Rosario Dawson) y el enigmático Franck (Vincent Cassel). Un trio enganchado al trance y al arte. O en especial a un cuadro.
"Trance" también es una historia sobre ideas y obsesiones. Posesión y pensamientos reprimidos.
"Las brujas en el aire" cuadro de Goya es casi el principal protagonista de la película. Cuadro terminado en 1798. El nombre del cuadro intuye lo que será la historia. Todo está en el aire o en la hipnosis. Goya terminó con la belleza pura y empezó el realismo. James enamorado de la belleza impúdica.
"Trance" parece que sigue la moda o la fascinación de la mente humana en el cine. Por recordar dos de las más populares del último lustro como "Origen" (2010) o "Shutter island" (2010), pero "Trance" se imbuye en el trance de sus personajes. Al fin y al cabo es un canto a la libertad de pensar y hacer lo que le da la gana a cada persona, una especie de carpe diem.


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