4 jun. 2013

"Bestias del sur salvaje", Benh Zeitlin, 2012.

Ahora pasan tornados por los EEUU y arrasan ciudades y estados enteros. Y la gente que habita esos lugares permanecen allí inamovibles. No quieren irse y dejar lo que consideran su hogar. Lo mismo pasó en Nueva Orleans con el Katrina en el 2005. La mayoría de las personas que vivian allí casi fueron obligados a cambiar o mudarse de ciudad.
A esta familia compuesta por un padre enfermo (Dwight Henry) y su pequeña hija (Quvenzhané Wallis) le ocurre lo mismo. No quieren abandonar ni su hogar (aún con las malas condiciones) ni a su comunidad compuesta por niñas abandonadas (solamente niñas) y personas ya maduras sin nada que perder en sus vidas. Es la comunidad Bayou donde solamente viven unas doscientas personas.
Benh Zeitlin prefiere contarnos la historia como si fuera un cuento o una fábula a través de los ojos y pensamientos de Hushpuppy. Una niña pequeña de seis años a la que le gusta sentir los latidos de los corazones ya sea su padre, un cerdo, o un cangrejo.
Un dique separa estos dos mundos. El mundo avanzado (Nueva Orleans) y su mundo a la que llaman balsa (Grand Bayou), un lugar con solo un metro de elevación sobre el nivel del mal. Casi condenada a desaparecer con el tiempo y las tormentas.
Durante la historia Zeitlin nos inunda con historias y cuentos prehistóricos. Cuentos que transpasaran la línea de la ficción a lo real. Que a veces nos recuerdan al universo de Miyazaki sobre todo a la película "La princesa Mononoke" (1997).
A su vez Zeitlin crítica el abuso del estado democrático. Crítica al estado de no poder elegir vivir como se quiera (aunque a nosotros no nos guste ese modelo de vida). De ahí ese dique que delinea dos mundos. Cualquier muro o dique supone una separación que puede llegar a ser mortal para una comunidad. Solamente debemos recordar que muros nos vienen a la cabeza para demostrarlo.
Tampoco elige la belleza para retratar ese mundo. Elige lo feo y lo sucio. Un padre autoritario al que llama a su hija tio no debe ser un mundo bello. Pero Hushpuppy y la comunidad Bayou consigue que al menos por una hora y media ese mundo sea bello y bonito.
Sobre todo hacia el final de la historia cuando la ficción y la realidad se cruzan. O cuando Hushpuppy busca esa sirena perdida junto a los demás pequeños.
Creo que merece la pena imbuirse en el mundo de Hushpuppy y leer sus pensamientos. O que ella simplemente los diga.

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